
Imagen generada con ChatGPT. Mi último artículo ha generado bastante conversación en otros canales. Eso, que ya es una recompensa en sí misma, ha tenido un efecto inesperado: me ha empujado a escribir esta réplica.
Algunos me han preguntado si lo escribí con IA. Otros me reprocharon que lanzara preguntas sin mojarme. Hoy recojo el guante: toca dar mi opinión sin tapujos.
🕒 Resumen para gente con prisa
Tiempo estimado de lectura del artículo completo: 8 minutos.
No he escrito este texto con IA, y precisamente por eso quería reflexionar sobre lo que significa seguir escribiendo —y pensando— como humanos.
La historia se repite: cada revolución tecnológica despierta miedo, fascinación y discursos apocalípticos. Pero detrás del ruido, lo que está en juego es algo más que el empleo. Es nuestra identidad.
Las máquinas ya programan, diseñan y hasta escuchan; lo que aún no saben hacer es comprender. Podemos apoyarnos en ellas para acelerar tareas, pero renunciar al pensamiento, la empatía o el propósito sería ceder lo que nos define.
Quizá el verdadero reto no sea competir con la IA, sino recordar por qué hacemos lo que hacemos. Aprender, crear y conectar con otros son actos profundamente humanos. Y si algún día eso también se automatiza, solo quedará una pregunta: ¿qué parte de nosotros queremos conservar?
¿Estoy usando IA para escribir esto?
La respuesta rápida: no.
La larga: creo que la IA debe limitarse a tareas concretas, repetitivas, donde da igual quién las ejecute. Un artículo de opinión como éste perdería sentido si lo firmara un modelo en lugar de mí.
Sí la uso para cosas más mundanas: sugerir temas de calendario editorial, generar imágenes de cabecera, etc. Aproximadamente la mitad de las sugerencias de la máquina me resultan útiles. Pero el texto, la idea, el tono… siguen siendo míos.
A veces, como la semana pasada y ahora mismo, hago caso omiso a las sugerencias del calendario y me lanzo a improvisar. Conociéndome, será lo que pase casi siempre.
Del ludismo al “prompt-ismo”
El miedo a que las máquinas nos quiten el trabajo no es nuevo. Los luditas del siglo XIX ya destrozaban telares por temor a ser sustituidos. Cada revolución tecnológica ha reeditado el debate.
Tradicionalmente se asoció a trabajos manuales, los llamados blue collar. Hoy, la amenaza parece cernirse sobre los white collar, las profesiones intelectuales. Pero lo cierto es que llevamos más de un siglo delegando tareas cognitivas: desde las calculadoras hasta los procesadores de texto, pasando por traductores automáticos, correctores y editores con autocompletado. Supongo que los seres humanos nos identificamos más con nuestro intelecto, y de ahí que la percepción de peligro sea más alta.
Sí, algunas profesiones desaparecieron, como el “codificador” de tarjetas perforadas, pero siempre surgieron otras.
¿De quién es realmente el terreno?
Habrá quien diga que la IA no solo quitará tareas, sino profesiones enteras. ¿De verdad puede una máquina reemplazar a un profesional cualificado en todos sus matices? Tengo serias dudas.
Incluso si así fuera, entraríamos en un escenario curioso: sin empleo masivo, ¿quién compra? Se suele responder con el comodín de la renta básica universal.
Pero un ingreso universal insuficiente no es garantía de bienestar. En ese caso quizá resurja lo artesanal, lo made by humans, como valor en sí mismo. Un escenario imperfecto, pero no necesariamente catastrófico.
Aprender en tiempos de máquinas que aprenden
En el artículo anterior preguntaba: ¿merece la pena aprender programación y creatividad? Mi respuesta ahora es clara: más que nunca.
Programar no es solo teclear código: es comprender un problema y diseñar soluciones flexibles. Creatividad y programación son, de hecho, dos caras de la misma moneda. Sí, los modelos generan código. Pero sin dirección, sin propósito, ese código es poco más que un esqueleto.
Con la creatividad pasa igual. Los LLM pueden generar música, imágenes o guiones. Pero si todos tuviéramos los recursos de Kubrick, ¿cuántos rodaríamos 2001: Una odisea del espacio? La obra no está en los medios, sino en la visión.
A no ser que estemos dispuestos a renunciar a tomar decisiones, a pensar por nuestra cuenta, vamos a seguir siendo necesarios. Sobre todo esto reflexiona con mayor profundidad, detalle y habilidad mi amigo José Carlos León en su ensayo Sociedad Postinteligencia, que recomiendo encarecidamente.
¿La empatía también se automatiza?
Antes de preguntarnos si la empatía nos dará ventaja competitiva, deberíamos plantearnos algo más radical: ¿estaríamos dispuestos a renunciar a ella si no sirviera para ganar dinero?
Yo intento ser empático porque creo que mejora el mundo, no porque me reporte un beneficio. Pero es cierto que cada vez más jóvenes usan chatbots para desahogarse. Un informe deCommon Sense Media (2025) encontró que más del 70 % de adolescentes habían interactuado con “compañeros de IA” y un porcentaje significativo lo hizo en busca de apoyo emocional.
¿Es esto negativo porque desplaza a psicólogos humanos, o positivo porque abre una puerta de desahogo a quienes no la tenían? Probablemente ambas cosas.
El qué ya lo hace la máquina, ¿qué pasa con el cómo?
En atención al cliente, lo vemos claro: los chatbots resuelven lo rutinario, pero cuando el problema es complejo, siempre aparece un humano.
El reto no es tanto qué tareas hacemos, sino cómo las hacemos. Nuestra capacidad de gestionar matices, contexto y ambigüedad es todavía diferencial.
Si un día las máquinas igualan incluso eso, estaremos en un escenario de ciencia ficción. Y en ese punto, lo confieso, me quedo sin opinión. Sólo me queda la perplejidad.
El gran reto de nuestra era es saber quiénes somos
Nunca antes una tecnología nos había obligado a mirarnos al espejo con tanta urgencia.
El progreso (o la ilusión del mismo) es tan vertiginoso que ha despertado nuestros temores más viscerales.
Lo esencial es definir qué nos hace humanos y defenderlo. Como decía la carta de Valerie en V de Vendetta:
Una parte. Es pequeña y frágil y es lo único que merece la pena tener en este mundo.
No debemos perderla, ni venderla, ni regalarla. Nunca debemos dejar que nos la quiten.
Busquemos esa parte. Y defendámosla sin concesiones.
🚀 Cada semana reflexiones como esta en tu bandeja. Suscríbete a Charcos Tecnológicos
Referencias
- Eduardo Martos (2025). ¿Tu empleo es fijo… o alquilado a una máquina? substack.com
- Eduardo Montagut (2015). *El ludismo: la sublevación del hombre contra las máquinas. *nuevatribuna.es
- Manuel Alejandro Hidalgo Pérez (2019). Cambio tecnológico y renta básica. “la Caixa” Foundation
- José Carlos León Delgado (2025). Sociedad Postinteligencia. elvisomedia.com
- Commons sense media (2025). Talk, trust and trade-offs: How and why teens use AI companions. commonsensemedia.org
- Evgeny Kagan, Brett Hathaway, Maqbool Dada (2025). Deploying Chatbots in Customer Service: Adoption Hurdles and Simple Remedies. arxiv.org