
Imagen generada con ChatGPT.
Al hilo de esta reflexión que publiqué el otro día, me hicieron una réplica que no vi venir. Fernando Delgado, un programador con el que tuve el placer de trabajar durante varios años y cuya opinión me merece siempre mucho respeto, me dijo lo siguiente:
Creo que el artículo está escrito desde tu punto de vista, que eres autónomo. Realmente no tienes horario de trabajo, y cuando “quieres” haces otra cosa. Yo tengo que echar 8 horas y el problema es si durante ese tiempo sólo tengo que pulsar enter.
Mi primera reacción fue pensar que tampoco era tan diferente. Yo dedico una jornada a mis clientes y hago mis proyectos fuera de ella, como podría hacer alguien que trabaja por cuenta ajena. Pero, dándole una vuelta, creo que estaba contestando a otra cosa.
Si consigo terminar antes un trabajo, tengo cierto margen para decidir qué hago con ese tiempo. No siempre, porque ser autónomo tampoco consiste en hacer lo que te dé la gana, pero sí puedo reorganizarme, avanzar en otra cosa o plantearle una mejora a un cliente. Fernando puede haber terminado lo que tenía que hacer y seguir teniendo por delante varias horas de jornada. Y quizá tampoco pueda decidir en qué emplearlas. Aquí podríamos abrir el melón de si tiene sentido seguir teniendo horarios fijos, pero eso lo dejo para otro momento.
Visto así, entiendo mejor su comentario. Tener una herramienta que te ahorra trabajo puede ser bastante frustrante si después tienes que quedarte mirando cómo pasa el tiempo.
Estos días he leído decenas de variaciones del mismo sentimiento. Mantengo lo que dije en mi último artículo, pero tantas opiniones en contra me han hecho preguntarme por qué yo lo estoy viviendo con bastante más entusiasmo que muchos otros colegas.
Creo que parte de la explicación está en cómo he disfrutado siempre de esta profesión. Me ha gustado programar, pero el momento eureka solía llegar cuando conseguía que una aplicación resolviese un problema real, cuando un cliente podía hacer algo que antes le resultaba imposible, o cuando un proceso dejaba de ser un suplicio. Terminar de implementar un patrón de diseño podía darme satisfacción, claro, aunque lo que más me interesaba era lo que iba a poder construir con él.
Cuando pasé de programar en Basic a hacerlo en Pascal, luego en C, más tarde en Visual Basic, después en Java, PHP o TypeScript, fui encontrando herramientas que ampliaban mi capacidad para hacer esas cosas. Con la IA estoy sintiendo algo parecido, aunque el cambio sea bastante más extraño: ahora puedo delegar buena parte de una tarea que durante años hice personalmente.
Así es como disfruto de esta profesión: creando. Hace veinte años lo hacía de una manera y ahora lo hago de otra que difícilmente hubiera podido imaginar. Por suerte, todavía interactúo con personas, que es lo que más me gusta, y puedo aportar una visión técnica y de negocio que les ayuda a mejorar sus procesos.
Pero eso explica mi entusiasmo. No tengo por qué suponer que a otro le va a compensar lo mismo.
Dan Greenheck, desarrollador y divulgador especializado en Three.js, lo expresaba en este mensaje:
I’ve always enjoyed working on hard problems. Naturally, outsourcing the hard part to an agent takes away a lot of the enjoyment for me. High-level orchestration of agents does not tickle my brain in any special way.
También hablaba del aburrimiento al terminar el día y de la sensación de estar perdiendo capacidad de concentración y pensamiento crítico desde que había dejado de programar.
Entiendo perfectamente la sensación. Has dedicado años a una profesión que te gusta y, de pronto, la parte que más disfrutabas la hace un agente. Que puedas producir más no resuelve ese problema. Yo sigo encontrando satisfacción en lo que hago, pero entiendo que para otros el cambio tenga poco de ilusionante.
También debe ser desconcertante haber dedicado años a construir una herramienta, a pulir cada detalle, a crear una comunidad, y encontrarte con que ahora «parece» que cualquiera puede clonarla. Ojo, he dicho «parece» porque no creo que reproducir sus funciones equivalga a reproducir todo el trabajo que lleva detrás. Al igual que un coche salido de una cadena de producción no es el mismo producto que uno hecho a mano. No necesariamente mejor ni peor, pero sí diferente, y entiendo que haya quien valore también el proceso de construirlo.
En mi caso, hay muchas cosas que antes eran inviables y que ahora son factibles. Por ejemplo, en las últimas semanas estoy creando paneles de datos para casos muy específicos, a veces para equipos de cinco o seis personas. El coste de hacerlos a mano hubiera desaconsejado implementarlos, pero si los puedo construir usando agentes, el escenario cambia radicalmente.
También estoy documentando más que nunca, mejorando interfaces administrativas que nadie tocaba porque, total, la gente ya sabía cómo hacer las cosas. Ya, pero ahora, gracias a la IA, con muy poco esfuerzo puedes conseguir muchos microimpactos. Son tareas que antes se quedaban pendientes porque nunca compensaba ponerse con ellas, y que ahora estoy pudiendo abordar. Sigo teniendo que entender qué necesita la gente y pensar cómo resolverlo, que es una parte del trabajo que siempre me ha gustado.
Hace décadas, un amigo entró a hacer las prácticas en Endesa. A los pocos días identificó un proceso que se podía automatizar y con el que se ahorraban varias horas al día. No había IA, pero como era un tío listo, encontró una forma de resolverlo. Cuando Manolo me lo contó, recuerdo su satisfacción por la optimización que había conseguido, no tanto por el proceso de construcción.
No tengo ni idea de cómo va a acabar todo esto. ¿Nos veremos sin trabajo, tendremos que montar una granja, reciclarnos como fontaneros? De momento tenemos una herramienta que me está permitiendo construir soluciones que antes no estaban a mi alcance, al menos con el tiempo y los recursos de los que disponíamos. Ignorarla o tratar de negarla me sigue pareciendo una mala decisión si queremos seguir desarrollando software.
Pero utilizarla tampoco garantiza que vayamos a disfrutar más del trabajo. Fernando me ha hecho ver que estaba dando por supuesto un margen de decisión que no todo el mundo tiene. Yo puedo encontrar otro problema al que dedicarme. A él quizá le toque aburrirse o ver cómo su motivación se va desvaneciendo poco a poco.
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