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Criterio en tiempos de la inteligencia artificial

EM
Eduardo Martos
CTO & Software Architect
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Imagen generada con ChatGPT.

Imagen generada con ChatGPT. Nunca imaginé que este año iba a ser tan emocionante como difícil de cerrar. Este mes de diciembre hemos facturado cuatro veces más que en el mismo período de 2024, algo paradójico en un momento en el que parecía que la IA iba a dejar a muchos por el camino.

Ha sido un año intenso por varios motivos. Hemos cerrado tres proyectos que todavía no podemos anunciar —dos de ellos especialmente relevantes a nivel tecnológico y humano—, mantenemos a nuestros clientes históricos, con una media de cinco años de permanencia, y hemos incorporado nuevas cuentas.

Además, hemos consolidado nuestra posición dentro del desarrollo con inteligencia artificial. No a pesar de la IA, sino precisamente por haberla tratado como lo que es: una herramienta potente, pero nunca un sustituto del criterio ni de la responsabilidad.

🕒 Resumen para gente con prisa

Tiempo estimado de lectura del artículo completo: 6–7 minutos.

La inteligencia artificial es, a la vez, un riesgo real y una oportunidad enorme. No porque vaya a sustituirnos, sino porque acelera tareas mientras deja al descubierto algo que no puede reemplazar: el criterio humano.

El valor ya no está solo en ejecutar rápido, sino en planificar mejor, elegir con más cuidado, formular bien los problemas y supervisar con responsabilidad. La IA amplifica capacidades, pero también errores, y delegar sin control puede ser tan peligroso como no usarla.

En este nuevo escenario, el verdadero diferencial no será quién use más IA, sino quién sepa cuándo usarla, cuándo frenar y cuándo decir “esto no pasa a producción”. Criterio y voluntad siguen siendo nuestro último bastión.


IA: ¿Riesgo u oportunidad?

Ambas cosas. Es un riesgo enorme. No sólo porque estamos ante una tecnología en muchos casos opaca y con un inmenso potencial, sino también porque va a desplazar, cuando no directamente a reemplazar puestos de trabajo completos. Y no unos cuantos: muchos.

Pero también es una oportunidad. Estos cambios nos desafían a hacer las cosas de otra manera. No es que la ejecución haya dejado de importar, pero la planificación, el criterio y el propósito cobran ahora una relevancia superlativa.

Por lo que he podido comprobar sobre el terreno, la IA está agilizando muchas tareas, democratizando otras, y nos permite prototipar más rápido y probar varios caminos al mismo tiempo. Pero como ya sabemos, carece de criterio. Es absurdo pretender que nos reemplace en tareas críticas o de supervisión.

La fiebre agéntica, en la que íbamos a dejar de responder emails y asistir a reuniones, fue una ocurrencia propia de quien se deja impresionar con trucos de magia.

Los agentes están muy bien, pero mucho cuidado con ellos. Se pueden cargar funcionalidades críticas que, si no fuera por el control de versiones de git, reventarían un proyecto entero. La diferencia no está en usarlos o no, sino en saber cuándo delegar y cuándo asumir que la responsabilidad sigue siendo humana. Aunque si no fuera por ellos, un proyecto como mi CV parlanchín se hubiera quedado en un cajón por falta de tiempo.


¿Qué usos se van a consolidar?

Aquí hablo al cien por cien de mis sensaciones. Creo que, una vez que baje toda la polvareda que se ha levantado estos meses y se demuestre que había más ruido que señal, seremos capaces de identificar los usos que van a generar más inercia.

Experimentaremos más

La posibilidad de hacer probatinas y prototipos más rápido, sumada a la reducción de costes, abre la puerta a un auge de la experimentación. Aquí recomiendo hacer las cosas con cabeza y definir un tope. No tiene sentido que side-projects o ideas sin madurar le acaben quitando tiempo a proyectos consolidados.

Planificaremos con más profundidad

Tengo la sensación de que el hecho de contar con herramientas que pueden ejecutar más o menos bien una amplia variedad de tareas intelectuales nos va a liberar para pensar y planificar con más profundidad. Eso sí, debemos ser cuidadosos porque, al hilo del párrafo anterior, al aumentar nuestro ancho de banda, podemos caer en la tentación de acelerar sin freno.

Seremos más selectivos

Creo que el acierto va a estar en quienes consigan ser selectivos y orientar su visión en construir productos útiles y excelentes. Nada nuevo bajo el sol, aunque cobra importancia ahora que mucha más gente se va a liar la manta a la cabeza para lanzar productos y servicios a mansalva.

Cuidado con los juniors

Ya estamos viendo que los juniors pueden ver amenazada su entrada en las empresas porque las tareas que normalmente se les asignan están siendo asimiladas por las máquinas. Debemos hacer un esfuerzo para que los perfiles con menos experiencia tengan su lugar en las empresas; de lo contrario, a largo plazo no habrá quien pueda ocupar puestos de mayor responsabilidad.

Si rompemos la cadena de aprendizaje ahora, dentro de unos años nos preguntaremos por qué nadie sabe asumir decisiones complejas.

El valor volverá a desplazarse

Durante un tiempo parecerá que todo vale lo mismo: textos, código, diseños, ideas. Pero el valor no desaparece, se desplaza. Volverá a concentrarse en quienes sepan formular bien los problemas, no sólo en quienes sepan resolverlos rápido.

La diferencia estará en la supervisión

No ganarán quienes más deleguen en la IA, sino quienes mejor la supervisen. La capacidad de revisar, cuestionar y decir “esto no pasa a producción” será más valiosa que nunca, aunque no salga en las demos ni en los benchmarks.


Criterio y voluntad

Si algo conservamos aún las personas como un tesoro exclusivo son el criterio y la voluntad. Sin ello, seríamos meros autómatas.

Hoy, más que nunca, debemos cultivarlos para seguir llevando las riendas de nuestro destino. ¿Cómo conseguirlo? Es muy fácil y a la vez muy costoso. Tenemos que hacer preguntas incisivas; no conformarnos con la primera respuesta o la solución fácil; cuestionar aquello que podría ser polémico o tener varios puntos de vista; acudir a las fuentes siempre que se pueda; y por supuesto, darle valor a todo aquello que nos hace humanos.

Nada de esto nos garantiza que todos vayamos a conservar nuestro trabajo, porque los cambios tecnológicos son impredecibles, pero sin todo eso nos habríamos rendido antes de tiempo. Y no sé vosotros, pero yo siempre le he puesto un precio elevado a mi existencia.