
Imagen generada con ChatGPT. Hace unos meses me escribió un amigo. De esos que no saben diferenciar entre RAM y megas de disco, pero que de repente se convierten en expertos tecnológicos porque han leído un par de artículos en Xataka. Me dijo:
“Tienes que probar esto, es una locura”.
“Esto” era ChatGPT.
Como todo el mundo, lo primero que hizo fue pedirle que le contara un chiste. Después le pidió que le escribiera un poema de amor en verso alejandrino, pero dedicado a su perro. El resultado fue suficientemente cursi como para que creyera que había descubierto la reencarnación digital de Pablo Neruda.
Yo sonreí, claro. Porque a los que llevamos veinte años viendo pasar modas tecnológicas, esta escena nos suena demasiado.
¿Te gustan estas reflexiones? Suscríbete gratis a Charcos Tecnológicos
🕒 Resumen para gente con prisa
Tiempo estimado de lectura del artículo completo: 7 minutos.
La IA generativa se ha convertido en la nueva religión tecnológica. Promete milagros, inspira devoción y llena titulares, pero detrás del fervor hay mucho de déjà vu. Ya vivimos lo mismo con las .com, el blockchain, los NFTs o el metaverso: promesas de revolución que acabaron en humo… y alguna utilidad real.
No se trata de negar su valor; escribir, programar, analizar datos o crear contenido nunca fue tan fácil, sino de reconocer el peligro de convertirla en dogma. Cuando la fe sustituye al pensamiento crítico, aparecen los profetas del hype, los cursos milagrosos y las empresas que venden lo mismo de siempre con la pegatina AI-powered.
Yo prefiero entenderla como lo que es: una herramienta. En buenas manos, amplifica la creatividad y ahorra tiempo. En malas, alimenta expectativas imposibles. La clave está en usarla sin arrodillarse ante ella.
No es la primera vez que nos venden milagros
No me malinterpretes: la IA generativa es útil, potente y transformadora en muchos contextos. Pero la manera en que la sociedad la está abrazando tiene más de religión que de tecnología.
- Blockchain iba a acabar con los bancos. Resultado: bancos felices, ahorradores arruinados.
- Second Life iba a sustituir la vida real. Resultado: hoy es material de nostalgia para foros noventeros.
- Los NFTs iban a ser el futuro del arte. Resultado: jpegs de monos vendiéndose a precio de garaje.
- El Metaverso iba a ser la nueva Internet. Resultado: un puñado de avatares con piernas mal animadas y Mark Zuckerberg dando charlas en mundos vacíos.
Y ahora, la IA generativa es presentada como la panacea universal.
La narrativa es calcada:
- Un grupo de gurús anuncia que “esto cambiará el mundo”.
- La prensa repite el mensaje como si fueran los Diez Mandamientos.
- Las empresas corren a meter la palabra mágica en su PowerPoint para no parecer dinosaurios.
- Los inversores reparten dinero como si imprimieran billetes en la fotocopiadora de la oficina.
La religión de la IA
La comparación con la religión no es gratuita. La IA generativa ha creado sus propios rituales y símbolos.
- Los profetas: Sam Altman, Demis Hassabis, Dario Amodei.
- Las escrituras: papers y posts en arXiv que casi nadie entiende, pero que se citan como si fueran versículos.
- Los milagros: demos espectaculares que parecen magia.
- La liturgia: cursos de prompt engineering que recuerdan a catequesis para iniciados.
- La fe: gente convencida de que en cinco años ya no habrá programadores, abogados ni médicos, porque todo lo hará la máquina.
La comunidad tecnológica se divide entre apóstoles fervientes y herejes escépticos. Y en medio estamos los veteranos, que miramos con una ceja levantada y pensamos:
“Esto ya lo viví en 1999, 2012, 2017…”
👋 Si te está gustando, recuerda que cada semana publico algo parecido
La burbuja financiera disfrazada de innovación
Cuando algo se convierte en religión, deja de importar la lógica. Importa la fe. Y en el mundo de las startups, la fe se mide en millones de dólares.
De repente, todo producto lleva la etiqueta “AI-powered”.
- ¿Una app para pedir pizzas? AI-powered pizza recommendations.
- ¿Un CRM mediocre? AI-powered customer insights.
- ¿Un Excel con macros? AI spreadsheet assistant.
Lo que antes era un producto aburrido, hoy se viste de milagro gracias a tres letras mágicas: AI.
Lo que sí aporta la IA generativa
Hasta aquí la crítica. Pero seamos justos: la IA generativa no es solo humo.
- Redacción asistida: desde emails hasta informes.
- Programación asistida: GitHub Copilot, Cursor o Junie (el que yo uso ahora mismo) ahorran horas de trabajo.
- Análisis de datos: segmentar información nunca fue tan accesible.
- Creatividad aumentada: diseñadores y escritores tienen ahora un asistente.
La clave es entender la IA como herramienta, no como mesías.
Para muestra, tres botones de creación propia:
- Vinicio, un sommelier virtual que recomienda maridajes, genera recetas y elabora notas de cata de muchísimos vinos. Tiene limitaciones, lógicamente. A veces te dice que un vino no existe cuando tienes la botella delante, pero a eso iba: la tecnología nunca será perfecta.
- CodeCV, una herramienta de código abierto que usa LLMs para generar un CV a partir de repositorios git. Para un programador es muy útil obtener un resumen en lenguaje natural de todas las contribuciones que ha realizado en un proyecto y ahorra mucho tiempo, porque a veces uno ni siquiera recuerda qué hizo exactamente.
- BugOracle, otra herramienta de código abierto que se apoya en LLMs para analizar incidencias, buscar patrones y generar resúmenes accionables.
Los límites y los riesgos
- Alucinaciones: la IA miente con la seguridad de un político en campaña.
- Sesgos: si entrenas un modelo con basura, obtienes basura amplificada. Por ejemplo, si le pides a un LLM una imagen de un zurdo, te suele mostrar a un diestro porque la mayoría de imágenes de personas escribiendo usan la mano derecha. O si pretendes obtener un reloj analógico con una hora que no sea la que suelen mostrar los relojes de catálogo.
- Coste energético: entrenar y operar modelos consume niveles obscenos de electricidad.
- Oligopolios: OpenAI, Anthropic, Google, Meta, Mistral… cinco empresas controlando cómo se procesa el conocimiento del mundo.
El déjà vu: historia repetida
Cada década tiene su hype:
- 1999: Internet y las .com.
- 2012: Big Data, “el nuevo petróleo”.
- 2017: blockchain.
- 2021: NFTs y metaverso.
- 2023–2025: IA generativa.
¿Desaparecerá? No. ¿Explotará la burbuja? Sí, pero quedará lo útil.
Conclusión: de burbujas y religiones
La pregunta no es si la IA generativa es una burbuja o una religión. La pregunta es cómo la usamos.
- Si la tratamos como religión, acabaremos rezando a un oráculo que nos dará respuestas falsas pero convincentes.
- Si la tratamos como burbuja, invertiremos a ciegas y lloraremos cuando explote.
- Si la tratamos como herramienta, podremos aprovechar su potencial real sin perder la cabeza.
Yo, por mi parte, seguiré viendo a mi amigo pedirle poemas a su perro. Y seguiré sonriendo. Porque detrás de cada nueva religión tecnológica, lo único que no cambia es lo de siempre: nuestra capacidad infinita de creer en milagros digitales.
🚀 Cada semana reflexiones como esta en tu bandeja. Suscríbete a Charcos Tecnológicos