
Imagen generada con ChatGPT ¿Qué es más interesante, una afirmación o una pregunta? ¿Ganaría este inicio si hubiera afirmado que una duda es más atractiva que una sentencia? He aquí la ventaja de la duda: permite que cada cual elija, se forme su propia opinión y piense de manera crítica. La afirmación acota; la duda ensancha.
Hoy traigo la duda porque me parece un atributo muy humano. Los animales dudan, aunque en niveles diferentes. Les falta la parte esencial de la duda humana, que es el razonamiento complejo. Y la IA, ¿es capaz de dudar? En general, no lo hace. Y cuando se les pide que lo haga, es una imitación. Su finalidad es ofrecer respuestas, no preguntas. ¿Puede ofrecer listas de preguntas? Sí, pero no deja de ser un conjunto determinista que no cuestiona de manera profunda.
Nosotros, en cambio, tenemos esa capacidad esencial de preguntarnos si algo es correcto o incorrecto, justo o injusto, hermoso o feo. Y es esa capacidad la que, a mi juicio, hace que la combinación de la IA y el pensamiento humano sea tan interesante. Un LLM tiene acceso a vastísimas bases de datos, que interpreta con bastante acierto, y puede inferir patrones con más agilidad que nosotros. Pero esas respuestas, sobre todo cuando hablamos de asuntos muy complejos o difusos, requieren de una capa adicional, el criterio, que se sustenta en la duda, en la ponderación entre opciones a veces parecidas pero sutilmente distintas.
“Dudar es propio de quien piensa.”
Pessoa
La realidad cotidiana, o al menos la que nos intentan vender, está cada día más polarizada. Los puntos de vista son extremos y no admiten discusión. Es el caldo de cultivo perfecto para que una herramienta complaciente, dotada de una autoridad no cuestionada y que siempre parece tener una respuesta, imponga criterios, relatos e incluso decisiones.
Y por ese motivo es tan importante seguir cultivando la duda, la mirada crítica, la discrepancia racional.
Reivindiquemos una forma de pensar que no se conforme con respuestas rápidas. La que Sócrates ejercía interrogando, la que Descartes convirtió en método, la que Hume utilizó para desconfiar incluso de la evidencia.
Una duda que no siempre tranquiliza: la de Santo Tomás, la de Nietzsche cuando prende fuego a lo establecido, la de Montaigne cuando se limita a preguntarse qué sé yo.
Y también la de quienes más saben y, por eso, más dudan (como señalaba Russell), o la que lleva al pensamiento hasta un lugar incómodo, casi desesperado, como en Kierkegaard.
La duda es un poderoso antídoto para la manipulación, además de un acto de resistencia contra el continuo hacer inconsciente de nuestros días.
La improvisación, la sorpresa y casi todo lo que hace de la vida una experiencia maravillosa nace de la duda. Porque ante tiempos inciertos, ante situaciones desesperadas, la duda siempre ofrece otro camino.
Y como dijo Antonio Machado, “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.