
Imagen generada con ChatGPT Si mañana dejaras de ir a tu empresa, ¿alguien lo notaría de inmediato? ¿O pasarían días hasta que alguien preguntara por ti?
Goldman Sachs calcula que entre un 6 y un 7 % de los trabajadores en Estados Unidos podrían perder su empleo si la inteligencia artificial se adopta de manera masiva.
¿Y si ese porcentaje fuera mayor en tu sector? ¿Y si, en lugar de empleos enteros, fueran pequeñas partes de tu trabajo las que poco a poco fueran cayendo en manos de la máquina?
🕒 Resumen para gente con prisa
Tiempo estimado de lectura del artículo completo: 8 minutos.
La inteligencia artificial está empezando a alquilar partes de nuestros empleos. No siempre reemplaza a las personas por completo, pero va arañando pequeñas tareas hasta que un día descubrimos que hacemos menos de lo que solíamos hacer.
No es fácil mantener la calma en medio de tanto ruido. Nos venden certezas cuando lo que hay son dudas: que hay que aprender a programar, que la creatividad nos salvará, que la empatía será el nuevo petróleo… Pero mientras repetimos esos mantras, los LLM ya programan, diseñan y hasta escuchan mejor que nosotros.
Yo integro IA en casi todo lo que hago, no he perdido colaboradores y he ganado tiempo. Pero sigo sin saber si ese tiempo libre es un regalo o una trampa. La productividad infinita suena bien hasta que descubres que también puede ser una forma de agotamiento disfrazada de eficiencia.
Quizá la pregunta importante no sea qué hacemos, sino cómo lo hacemos. En un mundo que automatiza cada gesto, lo único que sigue siendo nuestro es el propósito. Y ahí, al menos de momento, seguimos teniendo ventaja sobre las máquinas.
Dudas infinitas, certezas escasas
A menudo me pregunto qué será de mi profesión en los próximos años. Es difícil abstraerse de los agoreros que, día sí, día también, proclaman que nos vamos a ir todos al paro. Ignoro si tienen otra habilidad, pero la de provocar el síndrome del impostor la cultivan como nadie.
Llevo tiempo experimentando con IA, mucho antes de que se pusiera de moda hablar de ChatGPT (entonces lo llamábamos NLP, NLU…). Hoy tengo modelos integrados en prácticamente todos mis procesos. Y puedo decir que me ayudan a ser más productivo.
¿Acabaremos siendo reemplazados? No me atrevo a vaticinarlo. Gente muy cabal que está en la brecha, como Julio Prieto de Digital Bakers, es optimista a este respecto.
Yo, como Fox Mulder, quiero creer, pero sigo teniendo dudas. Así que lo que empezó siendo un ejercicio de futurismo, ha acabado en una lista de preguntas abiertas para invitar a la reflexión. Algo que, al menos de momento, todavía hacemos mejor que nuestras queridas máquinas.
Los gurús que cambiaron Python por PowerPoint
Durante los últimos años se ha repetido como mantra que había que aprender a programar incluso si trabajabas en biblioteconomía. El argumento era que no saber programar se iba a convertir en el nuevo analfabetismo.
¿Es realmente imprescindible? Ahora que los LLM generan código y hasta lo prueban solos, ¿tiene sentido invertir años en aprender una habilidad que la propia máquina está automatizando?
Más aún: ¿todos los que predicaban la necesidad de aprender a programar lo hicieron… o simplemente cambiaron la gorra, primero a la de blockchain y ahora a la de “consultores de IA”? Spoiler: pocos se apuntaron a clases de Python.
También se ha hablado muchas veces de la importancia de cultivar la creatividad. Dejando a un lado la compleja cuestión de si los LLM pueden ser creativos, ¿de verdad podemos serlo todos nosotros? ¿Nos formamos para ser creativos? ¿Acaso todos tenemos talento para serlo? Y suponiendo que así fuera, ¿tiene sentido competir con herramientas mucho más rápidas y baratas que nosotros?
“Hay que ser más empáticos”, decían al tiempo que las consultas terapéuticas a ChatGPT se disparaban durante la pandemia (Popularity of Mental Health Chatbots Grows, 2022). ¿No es irónico que acudamos a la empatía como refugio seguro cuando nos vemos amenazados? Las máquinas podrían decirnos: “A buenas horas, mangas verdes”.
Quizá no se trate de recetas universales. ¿Podría ser que el riesgo no esté en qué haces, sino en cómo lo haces?
Integrar LLMs en mis procesos no ha provocado, de momento, que prescinda de ningún colaborador ni proveedor. Al contrario, me está permitiendo abarcar más porque ahorro horas en tareas que no me aportaban valor.
Ahora bien, ¿esto tiene un horizonte temporal? ¿Durante cuánto tiempo seguiré aportando valor en un escenario donde la tecnología cada vez se vuelve más capaz?
Productividad infinita: ¿avance o condena?
La IA promete ahorrar horas de trabajo (a veces demasiadas). Nos vemos abarcando tareas de altísimo valor, como si cada uno fuera el Elon Musk de su campo.
¿Qué tiene esto de cierto? ¿Invertimos ese tiempo recuperado en aprender o producir más, o nos echaremos en los brazos de la procrastinación?
¿Tiene sentido querer estar siempre en el pico de productividad? Varios estudios han demostrado que aburrirse estimula la creatividad. La psicóloga Sandi Mann, de la Universidad de Central Lancashire, defiende que la actividad constante mata el aburrimiento, y por lo tanto la creatividad.
¿De verdad queremos renunciar a esos momentos muertos que nos permiten pensar diferente?
¿No tendría más sentido reorganizar lo que hacemos, cómo lo hacemos, y dotarlo de algo que sólo nosotros podemos entender? Me refiero al propósito.
Si algo buscan las nuevas generaciones es un sentido a lo que hacen. Y aunque no siempre lo tenemos claro, parece evidente que en esto seguimos teniendo ventaja sobre las máquinas.
Entre la esperanza y la parálisis
Como en todo avance tecnológico (me resisto a llamarlo revolución), esta etapa despierta anhelos y temores. Habrá quienes se adapten y quienes se queden en la cuneta. Lo triste es que seguimos sin aprender a minimizar el desempleo en las olas de transformación. Claro que hay quien se resiste a evolucionar. Pero también hay quien simplemente no puede.
Mientras tanto, vivimos una aceleración sin precedentes. Avances diarios, nuevas herramientas, profesiones inventadas sobre la marcha… y una sensación creciente de agotamiento. La infoxicación nos deja paralizados.
¿Necesitamos saberlo todo, probarlo todo, estar en todas partes? ¿O quizá basta con aprender sobre la marcha, adaptándonos sin pretender controlarlo todo?
Como dijo Bruce Lee en aquel spot que ya es mantra: Be water, my friend**.**
Réplica
¿Quieres leer la réplica a este artículo? Haz clic aquí:
🚀 Cada semana reflexiones como esta en tu bandeja. Suscríbete a Charcos Tecnológicos
Referencias
- Goldman Sachs (2023). How Will AI Affect the Global Workforce? goldmansachs.com
- Julio Prieto (2025). El gran experimento fallido: cuando Silicon Valley apostó todo a la IA. LinkedIn
- Nick Zagorski (2022). Popularity of Mental Health Chatbots Grows. psychiatryonline.org
- Isabel Fosler (2024). Why Boredom Might be Your Best Creative Tool. The Communicator
¡Gracias por leer Charcos Tecnológicos! Suscríbete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.